El estrés del regreso a clases: Por qué creo que abogar por sí mismo puede ayudar

Como presidente de Eye to Eye, la organización de mentores para niños con dificultades de aprendizaje y de atención más grande a nivel nacional (y uno de los socios fundadores de Understood), tengo la oportunidad de conversar con muchas familias. En este momento, sus preocupaciones más apremiantes giran alrededor del regreso a la escuela.

La parte académica es de gran importancia para muchos padres/madres. Sin embargo, el nuevo año escolar también tiene un lado socioemocional, especialmente en lo que se refiere al estrés y la ansiedad que enfrentan los chicos.

Esto lo sé de primera mano porque yo tuve esos problemas cuando era niño. Recuerdo que la transición antes de comenzar noveno grado fue particularmente difícil.

Durante la primera semana de noveno grado, mi maestra de inglés nos asignó leer Macbeth de Shakespeare.

“Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera”.

Macbeth, acto 4, escena I

Yo tengo y , y me preocupaba que iba a ser imposible leer esa obra. ¿Cómo iba a hacerlo? Podía sentir mis manos temblando y mis palmas sudando, mi nivel de estrés se disparó hasta el techo.

No ayudaba el hecho de que fuera mi primer año de bachillerato. Estaba en un edificio diferente al del año pasado, con nuevos salones de clases y un nuevo casillero. No conocía mi entorno.

En la escuela intermedia era uno de los estudiantes más antiguos. Los maestros me conocían. Contaba con un sistema de apoyo de personas con quienes podía hablar.

Pero ahora era tan solo un estudiante de primer año de bachillerato, empezando de nuevo. Era aterrador y angustioso.

Pero también era la oportunidad de un nuevo comienzo. Y pronto alguien me daría la oportunidad de hablar sobre cómo iba a enfrentar el noveno grado.

Después de asignar Macbeth, mi maestra de inglés me habló en privado.

“Marcus”, dijo, “he visto tu y sé que tienes dislexia y dificultades con la lectura. Conozco las que el IEP te proporciona en clase”.

Yo no hablaba. Ella continuó diciendo: “Sé todo eso, pero me gustaría que me dijeras con tus propias palabras qué te ayudaría a salir bien en mi asignatura”.

Yo estaba un poco sorprendido. Era la primera vez que tenía oportunidad de hablar con alguien, que no eran mis padres o un maestro de sobre la manera en que aprendo.

Me dio un suave empujoncito y entonces me sinceré.

Sí, le dije, me encanta participar en clase y compartir mis ideas, pero por favor no me pida leer en voz alta. No lo hago bien, leer en voz alta me aterroriza e impedirá que ponga atención en clase.

A medida que conversabamos, empecé a recordar cosas que me habían funcionado en la escuela media. Recordé que me va mejor cuando me siento al frente de la clase porque me ayuda a poner atención.

“¿Y en cuanto a las tareas de lectura?”, me preguntó.

Ah sí, dije, voy a tener dificultad para estar al día con lo que mande a leer. Se me ocurrieron algunas sugerencias, ¿quizás puede asignarme las tareas con anticipación para que pueda empezarlas antes? ¿Quizás podría permitirme que me atrase un poco ya que tardo más en leer?

Ella me escuchaba y asentía. Mi nivel de estrés empezó a disminuir.

No es que de repente todo mejorara. Yo seguía teniendo problemas, y no todo estaba resuelto. Por ejemplo, me hubiese gustado usar audiolibros en noveno grado para estar al día con la lectura. Es algo que utilizo diariamente ahora que soy un adulto.

Pero tan solo el hecho de hablar de lo que necesitaba me hizo sentir empoderado y más seguro en la escuela. Mi maestra hizo posible que habláramos de cosas que me hubieran atemorizado pensar a solas.

Si su hijo está teniendo problemas en la escuela, puede que le resulte vergonzoso y aterrador decirlo. Las habilidades para abogar por sí mismo no son sencillas. Los estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje y de atención necesitan practicarlas una y otra vez consistentemente.

La buena noticia es que el comienzo de cada nuevo año escolar es una oportunidad para que su hijo hable sobre sus necesidades. Es un momento adecuado para hacerlo ya que todo es nuevo. Y para muchos chicos, hablar sobre los cambios los ayuda a reducir el estrés y la ansiedad.

¿Cómo lograr que su hijo se comunique?

En noveno grado fue una maestra quien me dio el empujón. En años anteriores fueron mis padres. En años posteriores yo inicié esas conversaciones. De hecho, aproveché esas habilidades en la universidad y en el lugar de trabajo.

Cada chico es diferente. Algunos son conversadores natos. Otros necesitan ser guiados por sus padres y maestros. Muchos chicos puede beneficiarse de tener un mentor que los guíe. Personalmente siempre sentí que esas conversaciones eran más sencillas si sucedían justo después de hacer algo divertido, como comprar un helado o ir al parque.

La clave es empezar por algo, sin importar lo pequeño que sea. Y después, continuar hablando. Abogar por sí mismo es una habilidad esencial que toma años aprender.

Entérese de otras maneras de prepararse para el regreso a clases con nuestra guía “Start School Strong”. En ella encontrará algo para leer y hacer todos los días que lo ayudará a usted y a su hijo durante la transición.

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