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La tarea de matemáticas de mi hijo casi acaba conmigo

Por Jon Morin

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No estaba preparado para una pandemia y tener que permanecer en casa todo el tiempo. Y definitivamente, no estaba preparado para la educación a distancia de mis hijos.

En particular, no estaba preparado para las matemáticas de cuarto grado de mi hijo. Él se frustra con las matemáticas incluso en sus mejores momentos, pero al menos ya estaba acostumbrado a la manera en que su maestro enseñaba los conceptos en el salón. Por lo general, no teníamos casi problemas con él cuando llegaba el momento de hacer la tarea de matemáticas, aparte de que no quería hacerla.

Pero la educación a distancia lo hizo llorar. No solo se enseñan nuevos conceptos con una herramienta de aprendizaje seminteractiva en línea, sino que el estilo de enseñanza es diferente al de su maestro. Además, mi hijo no puede levantar la mano cuando no entiende. No puede pedirle al sistema que explique la tarea de una manera diferente. Tiene que esperar y hacer sus preguntas durante el horario de oficina virtual, o recurrir a mamá o a papá.

Me rompió el corazón verlo llorar. A pesar de que la escuela se está esforzando por continuar la enseñanza y ser flexible, me frustra que no esté funcionando para un niño como el nuestro que aprende de manera diferente.

Pero lo que verdaderamente me lastimó fue no poder ayudarlo. No entendía los métodos que usan, y me quedó claro que yo no soy un maestro.

Recordé un programa de televisión donde los adultos compiten con estudiantes de quinto grado. Por supuesto que soy más inteligente que mi hijo de cuarto grado. Era bueno en matemáticas en la escuela. Tuve muchas clases de matemáticas en la universidad. Fui programador. ¡Uso las matemáticas todo el tiempo! Pero no podía enseñarle a mi hijo cómo dividir números de dos dígitos.

Su frustración empezó con lágrimas y después se transformó en tirar papeles, patear y gritar, lo que al parecer no podía controlar.

Mi reacción fue enojarme con él. Realmente estaba muy enfadado. Mi enojo no era porque él no supiera hacer las operaciones matemáticas, sino por su comportamiento. Mi orgullo herido por no saber cómo enseñarle empeoró las cosas.

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Hubo gritos de ambos lados. No fue mi mejor momento como padre. No entendí que estaba teniendo una crisis y reaccioné como si él estuviera actuando de manera caprichosa e irrespetuosa.

Cuando ambos nos tranquilizamos, me senté con él y empecé a mostrarle cómo hacer divisiones largas. Me detuvo de inmediato y dijo: “No, no papi. En la escuela hacemos la división al revés. No sé cómo hacerla, pero sé que es diferente a lo que estás haciendo”.

No tenía idea de cómo se hace la división al revés. Revisé los ejemplos de su lección de matemáticas, pero no pude descubrir cómo organizar el problema o por cuál extremo empezar. No sabía nada. Lo intenté una y otra vez hasta que llegué al punto de la exasperación. No fue así como yo aprendí matemáticas.

Al final, me di por vencido y decidí que necesitaba volver a cuarto grado. Tengo una discapacidad del aprendizaje y aprendo mejor observando. Por lo tanto, me senté con mi hijo y miramos varios videos de la Academia Khan.

Para mi sorpresa, encontramos un video que explica la división al revés paso a paso. Es bastante fácil y eficaz. Y no necesité enseñarle a mi hijo cómo hacerla: lo aprendimos juntos.

Sin embargo, aprender la división al revés no resolvió todo el asunto. Mi esposa y yo trabajamos desde casa, y no podemos dedicar tanto tiempo como nos gustaría a ayudar a nuestro hijo con sus clases a distancia.

De hecho, mi esposa fue maestra durante muchos años. Pero a pesar de que está capacitada para enseñar matemáticas a niños, trabaja más horas que yo. Así que me toca a mí lidiar con las lágrimas, la frustración y los sentimientos de ineptitud que surgen por no saber cómo ayudar a mi hijo en matemáticas.

Estoy seguro de que no será la última vez que nos enfrentemos a esta situación. Sin embargo, la próxima vez espero no dejar que mis emociones me dominen cuando él tenga una crisis. Tal vez ambos podamos calificarnos como aprobados. Después de todo no soy maestro. Y nadie sabe cómo serlo en la época del COVID-19.

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