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Cómo han cambiado mis expectativas acerca de la capacidad de concentración de mi hijo

Por Carisa Brewster

Cuando mi hijo fue diagnosticado con TDA el año pasado en sexto grado, no fue una total sorpresa para mí. Había estado teniendo problemas de concentración en los últimos años, pero este año estaba progresando de forma sostenida. Entonces apareció la pandemia del COVID-19 y todo cambió.

Desde kínder, mi hijo recibe su educación en nuestra casa o en una escuela pública en línea. En los primeros años pude adaptar el currículo a sus necesidades, pero en tercer grado noté que tenía problemas de concentración. Tenía dificultad en matemáticas y lectura.

Cuando el verano pasado terminó quinto grado, me di cuenta de que mi hijo necesitaba más apoyo, sobre todo considerando que no faltaba mucho para que empezara la escuela media. (Para nosotros la escuela media comienza en séptimo grado). Lo evaluaron para determinar si tenía TDAH y obtuvo un plan 504.

Mejoró en matemáticas y lectura. En invierno, mi hijo estaba planeando registrar en el otoño dos de sus seis clases en la escuela pública. Sería la primera vez que estudiaría en un salón de clases, y le hacía mucha ilusión. Yo no tenía motivos para pensar que su progreso no continuaría.

Pero entonces la pandemia del coronavirus nos trastornó a todos, así como al resto del mundo.

Poco a poco fueron cancelando o cerrando todo: excursiones, natación, clases de cocina, prácticas de fútbol y finalmente, todo el distrito escolar. De repente, empezamos a pasar las 24 horas del día en la casa.

El impacto se sintió de inmediato. Mi hijo tiene menos energía para hacer sus deberes escolares. Empezó a olvidar habilidades matemáticas que pensé que ya había consolidado. Parecía que escuchaba las instrucciones para hacer una tarea, pero luego era claro que había entendido muy poco de lo que le había dicho. La verdad es que no anticipé que esto pudiera suceder.

Al principio, no paraba de pensar en los peores escenarios para el próximo año escolar. (¿Pero acaso no lo hacemos todos los padres de vez en cuando?). Imaginé otra vez que el camino hacia la escuela media sería tortuoso.

Pero cuando regresó la calma, si se puede hablar de calma en este caso, volví a pensar con sensatez. Mi familia está acostumbrada a la educación a distancia. La ausencia de otras actividades permitiría a los niños tener más tiempo para los deberes escolares. A lo mejor hasta avanzan un poco. ¿Acaso no es el entorno perfecto para enfocarse? ¡Sin distracciones! Nunca se me ocurrió la posibilidad de que pudiera haber contratiempos.

¿En qué estaba pensando?

Por supuesto que habría distracciones. ¡Estamos en medio de una pandemia! Y los niños también se estresan. A mi hijo no le será más fácil concentrarse en sus deberes, sino que le será incluso más difícil.

¿Por qué añadir tensión tratando de que se destaque académicamente? De hecho, es probable que la suspensión de actividades y clases lo ayuden a concentrarse.

De momento, me limito a lo básico: lectura, escritura y matemáticas, y tiempo adicional para las asignaturas favoritas (arte en el caso de mi hijo mayor y ciencias para el menor). Lo he reconsiderado y de manera consciente me he propuesto que solo nos ocuparemos de lo que cada uno pueda hacerse cargo. Y si mi hijo tiene más días difíciles que de costumbre, eso no significa que está destinado al fracaso.

¿El resultado? Estoy menos tensa y eso se transmite a mi hijo. Nuestros días son más tranquilos y siento que estamos regresando a cómo estábamos antes de todo esto. Hace poco, mi hijo terminó dos tareas durante su horario matutino (que está pegado encima de su escritorio) sin que yo tuviera que recordárselo. Aunque suelo ser reservada, lo felicité efusivamente por ello.

Tuve que cambiar mis expectativas otra vez. No será la última vez, y ¡está bien!

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