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Madre y dos hijas sentadas en una cafeteria usando una tableta

Mi historia
Yo soy una madre que vive en Texas, con dos hijos que aprenden de manera diferente. Desde el kínder, mi hija ha batallado con el aprendizaje de las letras, los sonidos, el deletreo y la escritura básica.

Qué estaba haciendo: Cuestionando mis instintos
Cuando mi hija entró al kínder, su padre y yo sospechamos que algo no estaba bien con su aprendizaje.

Desde preescolar ella había tenido problemas para recordar los nombres de sus amigos, para aprender las palabras de las rimas de canciones de cuna y para memorizar el alfabeto. Tenía dificultad para conectar los sonidos correctos con las letras. Incluso, las palabras simples como “cat” y “the” eran un desafío para ella. Además, tenía problemas para pronunciar palabras y necesitó terapia del lenguaje desde los 3 años de edad. En el fondo de nuestros corazones, sentimos que eso podría ser signos tempranos de una dificultad de aprendizaje, como la dislexia.

Entonces, buscamos respuestas. Primero fuimos a la escuela de mi hija. Nos dijeron que esperáramos hasta que ella estuviera en segundo grado para hacer una evaluación. Nos explicaron que los niños, con frecuencia, tienen dificultad con la fonética y la lectura durante el kínder y el primer grado.

También hablamos con nuestros amigos. Algunos de ellos tenían experiencia similares con sus hijos y, además, obtuvimos consejos conflictivos, es decir que se contradecían. Para hacer las cosas aún más confusas, nuestra investigación en línea reveló que en nuestro estado de Texas, todos los estudiantes con signos de dislexia debían ser evaluados por esta condición antes de comenzar el kínder.

Lo que hubiera deseado saber antes
Tuvimos que tomar una decisión. ¿Seguir las sugerencias de la escuela, esperar y ver si las cosas podrían mejorar con el tiempo y la madurez? O ¿seguir nuestros instintos y buscar una evaluación?

Afortunadamente no esperamos mucho. Confiamos en nuestros instintos e hicimos evaluar a nuestra hija. Los resultados mostraron que nuestra hija tiene dislexia. Ella fue identificada a finales del kínder.

Gracias a la identificación temprana, nuestra hija obtuvo la ayuda para su dislexia cuando era muy pequeña. Recibe servicios de educación especial en la escuela que le ayuda con su lectura. Por nuestra parte, continuamos trabajando con la escuela para obtener los servicios apropiados para nuestra hija. Si nosotros hubiéramos esperado mucho tiempo más para hacer la evaluación y detectar dificultades de aprendizaje o de atención, sabemos que nuestra hija hubiera continuado batallando en la escuela.

En mi experiencia, las escuelas tratan de hacer lo mejor que pueden, pero al final, yo conozco a mi hija mejor que nadie. Por eso, cuando se trata de decidir, yo investigo, escucho lo que la gente tiene para decir y, luego, dejo que mis instintos me guíen. Confiar en mis instintos ha marcado toda la diferencia para mi hija.

Las opiniones, puntos de vista, información y otros contenidos en los blogs de Understood.org son exclusiva responsabilidad del autor del blog y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista, valores, opiniones o creencias ni son avaladas por Understood.

Acerca del bloguero

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Lyn Pollard, escritora y madre de dos hijos que aprenden de manera diferente. También es mánager de padres defensores de NCLD.

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