El reto de proteger a mi impulsivo e hiperenfocado hijo

Por Jon Morin

Cuando nuestra familia se mudó a un pequeño suburbio de Portland en Maine hace dos años, mi hijo de 6 años preguntó si podíamos explorar nuestro vecindario en bicicleta. Mi hijo tiene TDAH, autismo y puede ser muy impulsivo, así que me ponía nervioso andar con él en un área desconocida. Sin embargo, estuve de acuerdo.

Cuando pedaleábamos por lo alrededores nos pasó una camioneta. “¡Papi, mira! ¡Esa es una camioneta F-350 Super Duty!”, dijo mi hijo con emoción. Está obsesionado con las camionetas y le gusta indicar las marcas y los modelos. Estaba tan hiperenfocado en la camioneta que se alejaba, que no se dio cuenta del bache que estaba enfrente cerca de la acera.

Le grité varias veces, cada vez más fuerte. “¡Detente!”. “¡Fíjate en el hueco!”. No me escuchó, a pesar de que me encontraba a pocos metros detrás de él. Estaba absorto, mirando la camioneta y reproduciendo los ruidos de motor. Le pasó por encima al bache y se cayó…

Afortunadamente no se lastimó. Después de sacudirse el polvo, estaba listo para montarse en la bicicleta nuevamente. Pero un poco más adelante, un hombre que arreglaba su auto le dijo que le gustaba su casco. Mi hijo se detuvo en mitad de la calle, le dijo su nombre y añadió: “Acabamos de mudarnos a este vecindario”. Y antes de que pudiera detenerlo, le dijo nuestra dirección.

Estas son solo algunas de las maneras en que mi hijo hace que mi esposa y yo nos preocupemos por su seguridad. Nos preocupa que se haga daño porque es curioso y no se detiene a pensar antes de explorar un lugar nuevo o al realizar una actividad nueva. Se absorbe tanto en las cosas que le interesan que no se da cuenta de los peligros potenciales que lo rodean.

Es fácil que me complique la vida pensando en todo lo malo que podría ocurrirle. Una posibilidad sería resguardarlo, que esté dentro todo el día y protegerlo del mundo. No obstante, queremos que sea un niño como los otros y que haga las cosas que hacen los niños de su edad. No queremos que nuestras preocupaciones limiten su mundo y eviten que tenga las experiencias que debería tener.

Es por ello que al mismo tiempo que enfrentamos nuestras inseguridades, hemos intentado poner en práctica estrategias para ayudarlo a que esté a salvo.

Por ejemplo, su interés en los camiones también se expresa en que no pueda resistirse a revisar las placas de los autos en los estacionamientos. Puede que se detenga a mirar alguna placa que le guste y no darse cuenta que el auto está retrocediendo.

En esas situaciones nuestra estrategia es mencionarle lo que estamos haciendo en ese momento y lo que planeamos hacer. Usamos frases como: “Ahora nos dirigimos al auto, así que necesitas quedarte a mi lado y asegurarte de que no vienen autos”. Confirmamos con él mientras lo mantenemos enfocado. “¿Me escuchas? Buen trabajo vigilando. ¡Muy buenos ojos!”. Los elogios honestos y específicos parecen motivarlo.

Otro motivo de preocupación por su seguridad es que mi hijo es muy social y confiado. Le gusta hablar con las personas y dar información personal. Nuestra estrategia en este caso es conversar con él acerca del “peligro que pueden representar las personas desconocidas”. Mi esposa y yo le hemos hablado de las “personas engañosas”, que aunque parezcan amigables e inofensivas, podrían querer aprovecharse de él o lastimarlo.

Si estas estrategias parecen muy específicas, se debe a que cada situación es única para él y cada una necesita una solución específica. Cuando estoy con mi hijo, me siento confiado de poder proponer una estrategia o una solución para mantenerlo a salvo. Podría decirse que estoy hiperenfocado en que él esté hiperenfocado.

Sin embargo, es más complicado cuando no lo estamos viendo. No podemos estar con él siempre, advirtiéndole que hay baches. Ni tampoco podemos confiar en que otra persona lo cuide.

Como todos los padres, queremos que desarrolle y ponga en práctica estrategias que lo ayuden a vivir su vida de manera independiente. Para mi esposa y para mí se traduce en enseñarle a que todos los días esté atento a su seguridad.

Es un proceso lento y requiere mucha práctica. Y ya sea diciéndole que ponga atención a lo que pasa en el momento o hablándole del peligro que pueden representar las personas desconocidas, siempre estamos pensando en el futuro. Los años de la preadolescencia y la adolescencia no están muy lejos y necesita estar preparado.


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    Acerca del autor

    Acerca del autor

    Jon Morin es un blogero y aspirante genealogista con dos hijos que piensan y aprenden de manera diferente.