Mi hijo pierde los guantes: Un sistema para ayudar con las dificultades del funcionamiento ejecutivo

Por The Understood Team

¡Mamá! ¿Dónde están mis guantes?”

“Justo donde los dejaste”, respondo inmediatamente.

Pero mi hijo no se acuerda. Él cree que estaban en el piso cerca de la puerta de entrada, en la caja al lado de la puerta, en el garaje o que quizás se los comió el perro. Y no solo son sus guantes lo que no puede encontrar, tampoco su abrigo ni su sombrero.

Su siguiente pregunta: “¿Has visto mis zapatos?”. Y como si fuera poco: “Mamá, ¿dónde está mi mochila?”.

Bienvenido a mi mundo de mamá de un niño que tiene dificultades del funcionamiento ejecutivo.

Mi hijo tiene 12 años y asiste a la escuela intermedia. Es un chico deportista que se destaca en fútbol y en baloncesto, pero en lo que se refiere a la escuela tiene problemas para mantenerse organizado y al día con sus deberes escolares. En casa pierde la ropa, la tarea y su equipo de deporte. Es especialmente difícil en el invierno cuando está vestido como si fuera al polo norte.

A menudo me siento frustrada y repito como si fuera un disco rayado: “¿Dónde está esto? ¿Dónde está aquello?”.

La mayoría de los días no pierdo la paciencia, pero hay días que me frustro tanto que exploto y le grito. Después me siento terrible. Luego la duda se apodera de mí: ¿Cómo sobrevivirá el bachillerato si no estamos presentes para ayudarlo? ¿Cómo le fallé? ¿Qué ocurrirá en la universidad?

Él es aún más crítico consigo mismo. Con frecuencia me dice: “Mamá, ¡me siento tan tonto! ¿Por qué sigo perdiendo mis cosas?”.

Un día especialmente frío y gris después de la escuela se enojó tanto con él que se puso a llorar. Fue en ese momento cuando supe que teníamos que hacer algo.

Creamos un sistema de estrategias para ayudarlo a llevar el control de sus cosas y mantener mi cordura. Desde entonces, su frustración y la mía han disminuido. Esto es lo que hacemos:

  1. Establecer una estación de conexión para las cosasCerca de la puerta principal tengo una caja plástica con gavetas que tienen los nombres de mis hijos. Cerca de la caja hay un armario con más cajas y ganchos para colgar los abrigos. Cada uno tiene su propia gaveta para guantes, sombreros, bufandas, orejeras, etc. En lo posible, hago que mis hijos guarden sus cosas en cuanto llegan a casa, incluyendo los abrigos y las botas.
  2. Prepararse la noche anteriorTodas las noches antes de ir a dormir, trato de que mi hijo arregle su ropa de invierno, su mochila y sus zapatos para el día siguiente. Al lado de la estación de conexión, designé un área para que los chicos agarren fácilmente sus abrigos, sus sombreros y guantes antes de salir.
  3. Encontrar un compañero que lo ayude con la lista de revisiónTambién ayudé a mi hijo a encontrar un amigo en la escuela que fuera organizado. Hemos reclutado a ese amigo para que haga una revisión rápida de las cosas de mi hijo antes de que se vaya de la escuela. Juntos usan una lista de revisión que está sujeta a la mochila de mi hijo. Lo bueno es que ese amigo le gusta tener la responsabilidad de ayudarlo.
  4. Reciclar y reusar todoPara ayudar a disminuir mi enojo y frustración por las cosas que se extravían, compro chaquetas y abrigos de invierno de repuesto, calcetines de segunda mano y otros artículos con poco uso. Si algo se pierde, tenemos como reemplazarlo. Almaceno esos artículos en una caja en el sótano, y los donamos cuando ya no les sirven a mis hijos (adicionalmente, ¡fomento la generosidad y dar un servicio a la comunidad!).
  5. Comprar al por mayorFinalmente, aunque pueda parecer una excusa para comprar, me ha servido comprar guantes, sombreros de invierno y abrigos negros parecidos, e incluso ropa interior y calcetines en paquetes. Guardo cupones de las tiendas cercanas. Muchas tiendas en línea también ofrecen descuentos al comprar varios paquetes de un mismo artículo. Sé que perderá algo, así que siempre estamos preparados.

Estas estrategias no han resuelto las dificultades del funcionamiento ejecutivo de mi hijo, ni han eliminado mi ansiedad por el futuro. Pero definitivamente han ayudado con nuestra frustración cotidiana y mantenido la paz en nuestra casa.

Ahora, los únicos gritos que doy (la mayoría de los días) es en la cancha animándolo durante sus juegos de baloncesto. Así sucede, a menos que no podamos encontrar sus zapatos de baloncesto… otra vez.

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